¿Cuántas veces me puse una venda en los ojos, y me encerré en lo que yo sentía? Hasta me inhibí de escuchar, porque no quería darme cuenta que estaba en terca, que yo no tenía la razón. Era esa maldita herida que no quería cicatrizar, que no me dejaba respirar. Una y otra vez, constantemente, cayendome.. Dejandome rendida. ¿Seguir? ¿Para qué seguir? Si lo que yo quería, ya no estaba y no iba a volver. Solo me había quedado ese espacio vacío por dentro, que de lo único que lo llenaba era de oxígeno. Porque me había encaprichado con que no, no tenía porque ser así. Me obsesioné con una ilusión, que bien dicho está.. "ilusión".
Hasta que sí, bueno.. Me cansé de ser ese monigote que no reía, que no lloraba. Hasta las lagrimas habían desaparecido. Una especie de "vida, sin vida". Me aferré a esas pequeñas o grandes cosas, como un simple abrazo, que antes no le daba valor. Que antes no lo podía ver, me negaba a sentir algo similar a lo que había vivido en mi episodio anterior. Abrí el corazón de par en par, y sentí el pecho como se inflaba de aire, y por dentro pensaba"libertad.. Esto es lo que estaba buscando. Libertad.."
Acá me ves, repitiendo la misma historia, y con vos. Cuando ya no me queda más para jugarme, que un par de manos y mi espalda, para cargar sobre ella la que se venga. Yo no te voy a dejar caer, yo no me voy a dar por vencida.