La loca de turno: hablando conmigo
misma.
Constantemente
preguntándome: "¿Está bien el camino que opté para seguir?", y busco consuelo en mí, en mi propio ser. Busco una
respuesta, que el tiempo se va a encargar de responder. Pero mientras tanto...
¿qué hago? ¿Alguien se va a sentar, y me va a explicar todo lo que pasa por mi
cabeza? No. ¿Me vas a decir si..
Si
el amor se acabó, ¿fue por dar todo sin recibir nada a cambio? ¿Fue porque no
merecía estar conmigo, o yo no merecía estar con él? Si la vida me enseñó a
vivir a los tropezones... ¿Fue porque, de tantos errores que cometí, me lo gané
o simplemente para empezar a vivir?. Son más veces las que perdí, que las que
gané. ¿Es
cuestión de esperar, a que lo bueno llegue una vez más y quiera quedarse para
siempre? Nadie me
asegura por qué me pasa todo esto. El que me falla, porque me falla. El que no
valora, es porque no valora. Pero... ¿qué
se hace con lo que uno siente? Un
puñado, y al bolsillo.
¿Qué se hace con todas estas preguntas que no se van de mi
cabeza?
Sí,
seré ilusa, pero con los pies sobre la tierra. Medio contradictorio, pero así
lo siento yo. Solo basta una palabra, para hacerme felíz. Solo basta un gesto,
para derrumbar ese mundo que creé. Solo basta una mirada, un abrazo... para
atesorarlo como las cosas más lindas de mi vida. Acaso.. ¿alguien es capaz
de ver eso? No lo creo.
Me
convenzo de palabras, de promesas sin cumplir. Me atraganto con silencios, que
nunca supe decir. Dejo que las dudas, me carcoman. Pero en fin... con la frente bien en alto, saliendo de todo. Haciendome propuestas, de un
futuro mejor. Solamente para
mí.
Nadie
va a ser capaz de entenderlo, acaso que se ponga en mi piel. Acaso que sepa
abrir los ojos, y darse cuenta que no es tan fácil vivir así... ¿Lucho?
constantemente. Constantemente, para que esta sonrisa no desaparezca. Para
hacer felíz, a quien me hace sonreír a mí.
Que nadie me hable de seguir, si nunca sintió
que el corazón estaba dejando de latir. Que nadie me
hable de continuar, si nunca sintió que la vida se le estaba escapando de las
manos. Que no lo hagan, hasta no haber visto como su mundo de gente, se
empezaba a alejar. Y te quedabas, como en el desierto... mirando a todos lados,
sin hallar consuelo. Te encontrabas, solo.
Nada
va a ser como quiero ni pienso, nada voy a poder cambiar. Pero si algo aprendí, que las cosas llegan... cuando las
dejas de buscar.