29 mar 2012

Ojos que no ven, corazón que sufre


Para poder ver más allá es necesario abrir bien grande los ojos, esos ojos que quizás venían mirando hacia un solo lugar. Mirando hacia un rincón, haciéndonos sentir tan solas. Esos ojos que vieron tantas alegrías, que dejaron escapar tantas lágrimas, que transmitieron tanto rencor, que miraron para un costado…Esos ojos que se negaron a ver, que se cerraron cuando el dolor apareció como una inminente punzada al corazón.
Nuestros ojos se pueden volver muy testarudos, al igual que nuestro corazón. No sólo en cuanto al amor sino en muchos momentos de la vida. Por momentos parece que lo único que pueden hacer es reflejar una infinidad de recuerdos. Recuerdos buenos y recuerdos dolorosos, pero que nos persiguen. Por momentos también tienen que soportar el ardor de lágrimas llenas de dolor. Y por otros hacen todo lo posible por no dejarlas caer, por no volverse vulnerables. Tras una decepción inesperada, tras una gran herida, nos rodeamos de oscuridad. Nos escondemos en esa oscuridad ya que en la oscuridad no podemos ver. O mejor dicho, no queremos ver.
Tenemos miedo a ver. Ver que más allá de todo, nos queda mucha fortaleza. Ver que no tener a ese alguien, no significa estar solos. Que desde que venimos a este mundo somos personas completas, con virtudes y con defectos. Pero capaces de ser felices por merito propio. Que sólo después de lograr esa felicidad, podemos compartirla con alguien más. Ver que sí podemos, que sí vamos a seguir adelante, que sí hay futuro. Ver que la vida es una gran historia y no sólo un capítulo.
Nuestros ojos se cierran y así solo ven el dolor que tenemos en el corazón, sólo ven recuerdos. Los errores cometidos, la culpa, la tristeza, la estupidez y especialmente la felicidad que quedó atrás. Con los ojos cerrados no podemos ver nuestro reflejo, no podemos ver de lo que estamos hechos. Dicen que “ojos que no ven, corazón que no siente”. Yo creo que todo lo contrario. Cuanto más nos negamos a ver, más sufrimos.
Abramos los ojos, veamos más allá. Miremos para adelante con la frente en alto. Soñemos sí, pero con los ojos bien abiertos. Tan fácil es ver lo que nos falta y tan difícil ver lo que tenemos. Tan fácil culparnos por nuestros errores y tan difícil reconocer nuestras fortalezas.
Acostumbrados a ver rostros sin expresión, acostumbramos a desconfiar de los que sí nos quieren decir algo. Pero también tantos lugares llenos de luz, tantas personas con las que todavía no compartimos ni una sola mirada. Tanta confianza que todavía no cedimos, tantas riendas que todavía no soltamos.
Queda mucho camino por recorrer y en ese camino mucho por ver. Mucho por sentir, por soñar, por reír. Quizás nos volvamos a caer, pero también a levantar. Y quizás nos cueste volver a abrir los ojos, pero también lo volveremos a hacer. Volveremos a ver sin ese velo de triste fantasía, sin ese tinte de negatividad, volveremos a ver más allá del pasado, volveremos a vernos a nosotros mismos. Pero sobretodo volveremos a confiar. Confiar en alguien, confiar en el futuro y especialmente confiar en nosotros mismos.
Lucha porque esos ojos no se cierren. No dejes que se cieguen, no dejes que se ofusquen, no dejes que se rindan…no te rindas. Sólo es cuestión de tiempo para que se vean encandilados una vez más.