Fui a
buscar a Iván a la terminal. Iván era un compañero del colegio. Lo amo
muchísimo, es de esos mejores amigos que nunca te olvidas en la vida.
Venia
de La Plata, ya que seguía estudiando ingeniería en sonido, y seguía con otros
cursos de DJ. Era muy conocido ya en ese rubro. Me enorgullece ser su amiga. Le
dije que íbamos a hacer una fiesta en casa y no dudo ni un momento en pasar
música.
Se
instaló en casa. Le conté de Nicolás. Estábamos pasando cosas muy lindas, pero
me parecía raro estar tan bien con alguien. Siempre que estoy bien intento
sabotear las cosas, y no sé por qué. No sé por qué no disfruto el momento.
Quizás soy muy terca.
Se
sorprendió mucho, no se lo esperaba en absoluto. Amir le caía muy bien, pero
nunca pensó que Nicolás este tan enganchado.
Yo
estaba en esos días donde “todo me chupa un huevo” y donde me tiré en el sillón
junto a Iván y nos vimos unas pelis de comedia, comiendo unas pizzas y tomando
unos brancas. La verdad, la pasaba muy bien, y nos tentábamos por todo como los
viejos tiempos.
La
noche siguiente era la fiesta: se hacía en mi casa. Cada uno traía su propio
escabio (nada de manaos ni vittone, más que prohibido Fernandito), la música la
ponía Iván, y había un poco de comida que pedí e hice con ayuda de las chicas.
Más o
menos éramos 40 personas, llenos de champagne, sky, branca y coca, campari y
citric, ron, entre otros tipos de botellas. La música estuvo buenísima, dos o
tres quebraron en el patio y los obligué a limpiar.
En un
momento, tipo 3 llegó Amir. En pedo. Se enteró de la fiesta y vino desde su
casa tomando hasta llegar a mi casa. Me dijo que teníamos que hablar. Nicolás
desconfiaba, por eso quiso estar presente durante la charla, pero yo me negué y
le dije que se alejara, que era un tema que había que resolver.
“Por
momentos te extraño”, dijo. No quise hacerlo sentir mal y me quede callada.
Tampoco quería mentirle. No quise decirle que yo también, porque no era verdad.
Después de un minuto de silencio me dijo “Fue un impulso, vine hasta acá a
decirte esto. No respondas, no hace falta” y ahí le respondí con un: “Esta
bien, no hace falta que me expliques eso.” Y pensé: “Aplausos a esos impulsos…”
Me
abrazó y se fue. Antes le dije que lo deje ser. Que era cuestión de tiempo.
Nicolás
estaba muy celoso, pero intenté calmarlo. En ese momento le agarró un ataque
violento y me llevó hasta la pieza, me encerró, peleamos y terminamos
haciéndolo. No hay mejor reconciliación que esa… me vuelve loca su violencia
momentánea.
La
fiesta duró hasta las siete… muchos se tiraron a la pileta aprovechando que era
climatizada. Otros se sentían dioses mientras fumaban y tomaban champagne
dentro de jacuzzi.
Durante
los próximos días se comento muchísimo la gran fiesta que fue y la música que
pasaron. Iván siempre haciendo grandes hazañas. Dejaban verse buenos tiempos.