29 abr 2014

XXVI


Fui a buscar a Iván a la terminal. Iván era un compañero del colegio. Lo amo muchísimo, es de esos mejores amigos que nunca te olvidas en la vida.
Venia de La Plata, ya que seguía estudiando ingeniería en sonido, y seguía con otros cursos de DJ. Era muy conocido ya en ese rubro. Me enorgullece ser su amiga. Le dije que íbamos a hacer una fiesta en casa y no dudo ni un momento en pasar música.
Se instaló en casa. Le conté de Nicolás. Estábamos pasando cosas muy lindas, pero me parecía raro estar tan bien con alguien. Siempre que estoy bien intento sabotear las cosas, y no sé por qué. No sé por qué no disfruto el momento. Quizás soy muy terca.
Se sorprendió mucho, no se lo esperaba en absoluto. Amir le caía muy bien, pero nunca pensó que Nicolás este tan enganchado.
Yo estaba en esos días donde “todo me chupa un huevo” y donde me tiré en el sillón junto a Iván y nos vimos unas pelis de comedia, comiendo unas pizzas y tomando unos brancas. La verdad, la pasaba muy bien, y nos tentábamos por todo como los viejos tiempos.
La noche siguiente era la fiesta: se hacía en mi casa. Cada uno traía su propio escabio (nada de manaos ni vittone, más que prohibido Fernandito), la música la ponía Iván, y había un poco de comida que pedí e hice con ayuda de las chicas.
Más o menos éramos 40 personas, llenos de champagne, sky, branca y coca, campari y citric, ron, entre otros tipos de botellas. La música estuvo buenísima, dos o tres quebraron en el patio y los obligué a limpiar.
En un momento, tipo 3 llegó Amir. En pedo. Se enteró de la fiesta y vino desde su casa tomando hasta llegar a mi casa. Me dijo que teníamos que hablar. Nicolás desconfiaba, por eso quiso estar presente durante la charla, pero yo me negué y le dije que se alejara, que era un tema que había que resolver.
“Por momentos te extraño”, dijo. No quise hacerlo sentir mal y me quede callada. Tampoco quería mentirle. No quise decirle que yo también, porque no era verdad. Después de un minuto de silencio me dijo “Fue un impulso, vine hasta acá a decirte esto. No respondas, no hace falta” y ahí le respondí con un: “Esta bien, no hace falta que me expliques eso.” Y pensé: “Aplausos a esos impulsos…”
Me abrazó y se fue. Antes le dije que lo deje ser. Que era cuestión de tiempo.
Nicolás estaba muy celoso, pero intenté calmarlo. En ese momento le agarró un ataque violento y me llevó hasta la pieza, me encerró, peleamos y terminamos haciéndolo. No hay mejor reconciliación que esa… me vuelve loca su violencia momentánea.
La fiesta duró hasta las siete… muchos se tiraron a la pileta aprovechando que era climatizada. Otros se sentían dioses mientras fumaban y tomaban champagne dentro de jacuzzi.
Durante los próximos días se comento muchísimo la gran fiesta que fue y la música que pasaron. Iván siempre haciendo grandes hazañas. Dejaban verse buenos tiempos.