Salomé
Amir me
mandó un mensaje: me extraña. No puedo hacer nada. Estoy definitivamente en
otra. Por más que a veces lo extrañe, y a veces me agarren esos ataques de que
estoy arriba y al momento estoy abajo, no puedo contra lo que siento por Nico.
Es muy distinto. Es más personal.
Soy muy
solitaria. Bah, no soy solitaria: me gusta la soledad pero no sentirme sola. A
muchos les pasa lo mismo. Fui a tomar algo. Me puse mi vestido rojo, unos
zapatos negros, cartera negra, me peiné para atrás, con el pelo planchado
después del corte que me había hecho: cambios. Estaba realmente provocadora y
sexy, me sentía a gusto conmigo misma por primera vez en mucho tiempo.
Llegué
a un bar en la costa y me senté en la barra. Pedí un cuba libre y me puse a
pensar en todo este último tiempo. De pronto apareció Federico. Hacía años que
no lo veía, pero su sonrisa era inconfundible: él había estado conmigo, nunca
seriamente, pero siempre pasaron cosas. Me gustaba de verdad, pero nunca
intente algo mas con él porque desde el principio me aclaró que no quería nada
serio.
Me
invitó otro cuba libre y charlamos: había terminado de estudiar diseño grafico
y ahora estaba viviendo con su pareja en una casa en Villa Gessel. Me alegré
por él, de verdad estaba feliz. Me dijo que cualquier otro día cenábamos, que
no había problema.
Volví a
casa y note que el celular estaba en silencio. Tenía 15 llamadas perdidas de
Nicolás y 12 de Amir. Me saturan. Llamé a Nico y me dijo que iba a venir a
dormir conmigo. Le dije que venga. Además estaba media entonada por los dos
cuba libres y me puse un pijama bien de zorra. Lo sorprendí fumándome un porro
cuando entró. Hicimos el amor toda la noche y al final me dijo que me amaba
como a nadie.