29 abr 2014

XXV

Salomé
Amir me mandó un mensaje: me extraña. No puedo hacer nada. Estoy definitivamente en otra. Por más que a veces lo extrañe, y a veces me agarren esos ataques de que estoy arriba y al momento estoy abajo, no puedo contra lo que siento por Nico. Es muy distinto. Es más personal.
Soy muy solitaria. Bah, no soy solitaria: me gusta la soledad pero no sentirme sola. A muchos les pasa lo mismo. Fui a tomar algo. Me puse mi vestido rojo, unos zapatos negros, cartera negra, me peiné para atrás, con el pelo planchado después del corte que me había hecho: cambios. Estaba realmente provocadora y sexy, me sentía a gusto conmigo misma por primera vez en mucho tiempo.
Llegué a un bar en la costa y me senté en la barra. Pedí un cuba libre y me puse a pensar en todo este último tiempo. De pronto apareció Federico. Hacía años que no lo veía, pero su sonrisa era inconfundible: él había estado conmigo, nunca seriamente, pero siempre pasaron cosas. Me gustaba de verdad, pero nunca intente algo mas con él porque desde el principio me aclaró que no quería nada serio.
Me invitó otro cuba libre y charlamos: había terminado de estudiar diseño grafico y ahora estaba viviendo con su pareja en una casa en Villa Gessel. Me alegré por él, de verdad estaba feliz. Me dijo que cualquier otro día cenábamos, que no había problema.

Volví a casa y note que el celular estaba en silencio. Tenía 15 llamadas perdidas de Nicolás y 12 de Amir. Me saturan. Llamé a Nico y me dijo que iba a venir a dormir conmigo. Le dije que venga. Además estaba media entonada por los dos cuba libres y me puse un pijama bien de zorra. Lo sorprendí fumándome un porro cuando entró. Hicimos el amor toda la noche y al final me dijo que me amaba como a nadie.