30 abr 2014

XXVIII


Pasaban las semanas y con Nico estaba todo bien. Hicimos unos viajes para despejarnos: fuimos a acampar a Mar de las Pompas, y después fuimos unos días a visitar a mis abuelos.
Tomé la caja del evatest que estaba en mi cajón desde la última vez que iba a usarlo. Lo abrí, y lo usé. Mientras esperaba a que el tiempo pasara, llamé a Milka. Fueron momentos de tensión, pero al final, estaba embarazada.
Las lágrimas se me caían, y gritaba de emoción y frustración. Un bebé, mucha responsabilidad, pero una hermosura. Me acordaba de los mellis y me daba pánico.
Nicolás entró al baño rápido después de haber escuchado los gritos, y vio la caja. Su cara era de incredulidad. No entendió hasta que se lo dije.
-          NICOLAS, ESTOY EMBARAZADA. VAS A SER PAPÁ.
Su cara, no la puedo describir. Era como paz, felicidad, y a la vez muchos nervios. Pero estaba feliz, eso era lo que importaba. Me abrazó tan fuerte que no podía respirar. Me comió la boca. Tocaba la panza y la besaba.

Aproveche el horario y llamé a mi médico para sacar turno lo antes posible. Yo pensé que nos estábamos cuidando bien, pero la pastilla no surtió efecto.  En fin, iba a ser mamá.