Pasaban
las semanas y con Nico estaba todo bien. Hicimos unos viajes para despejarnos:
fuimos a acampar a Mar de las Pompas, y después fuimos unos días a visitar a
mis abuelos.
Tomé la
caja del evatest que estaba en mi cajón desde la última vez que iba a usarlo.
Lo abrí, y lo usé. Mientras esperaba a que el tiempo pasara, llamé a Milka.
Fueron momentos de tensión, pero al final, estaba embarazada.
Las
lágrimas se me caían, y gritaba de emoción y frustración. Un bebé, mucha
responsabilidad, pero una hermosura. Me acordaba de los mellis y me daba
pánico.
Nicolás
entró al baño rápido después de haber escuchado los gritos, y vio la caja. Su
cara era de incredulidad. No entendió hasta que se lo dije.
-
NICOLAS, ESTOY EMBARAZADA. VAS A SER PAPÁ.
Su
cara, no la puedo describir. Era como paz, felicidad, y a la vez muchos
nervios. Pero estaba feliz, eso era lo que importaba. Me abrazó tan fuerte que
no podía respirar. Me comió la boca. Tocaba la panza y la besaba.
Aproveche
el horario y llamé a mi médico para sacar turno lo antes posible. Yo pensé que
nos estábamos cuidando bien, pero la pastilla no surtió efecto. En fin, iba a ser mamá.