Me
contó que se levantaba todas las mañanas y no sabía qué hacer. Quizás salía a
vender, quizás iba a correr, o se quedaba leyendo en su casa.
Me dijo
que dinero le sobraba. Yo pensé “y si te sobra, ¿por qué no te vestís mejor?”,
a lo que respondió, sin que nadie haya preguntado “Todos los días doy una
imagen diferente de mi. Ayer me viste mal, hoy estoy de jean y remera, ¿no lo
notaste?”. Tenía razón. No había notado eso. ¿Por qué tan complejo?
Siempre
a las 18 estaba sentado acá. Me explicó que era su lugar en el mundo, donde
pasó miles de tardes solo, con amigos, fumando, tomando, leyendo, llorando. Era
el único lugar donde de verdad sentía las cosas. El único lugar donde se sentía
el mismo.
Vivía
cerca de mi casa, a unas cuadras de Sobremonte. Me dijo que yo tenía pinta de
ser buena chica, y me preguntó por qué yo estaba ahí.
-
Salí corriendo de lo que me hace mal día a día. Necesito algo nuevo.
Me aburro fácil, y no puedo tolerar la rutina. Terminé acá, de verdad este
lugar me da mucha paz, y además me gustaría sacarle fotos. Es perfecto.
-
¿Sos fotógrafa? ¿Cómo te aburrís de eso?
-
Lo soy, pero no ejerzo. A veces en mis ratos libres lo uso como hobbie
o cuando puedo hago trabajos. Pero últimamente tengo abandonada la cámara.
-
Supongo que la trajiste, ¿me la prestas?
-
Si, toma – Se la di, no sé por qué, odio prestarla, además supuse que
no iba a entender cómo usarla, así que me sentí segura.
Saco
cinco fotos. Supo cómo manejar el tiempo de obturación. La usó en manual, cosa
que pocos saben hacer. Supo usar la apertura del diafragma, la sensibilidad. Me
sorprendió demasiado. Las fotos que sacó eran geniales.
Comentó
que su padre era fotógrafo y que por eso sabía bastante sobre el tema. De su
madre no quiso hablar, pero él vivía solo con su gato. Era hijo único y le
gustaba mucho la soledad, pero no estar solo.
Traté
de no hablar mucho de mí. La gente no suele interesarse en mi vida y yo suelo
ser muy aburrida.
-
¿Vamos a tomar algo mañana? Invito yo, obvio.
-
Dale, ¿tenes algún lugar pensado? – dije
-
Esperame acá a la misma hora de siempre, ya se a donde ir…
-
Sorprendeme – dije, y me fui.