25 ene 2014

IV

Llegué tarde a la oficina. Noche de insomnio pensando en lo lindo que era Amir. Me gusta, lo reconozco.
Le conté a Josefina. Me pegó.
-          NENA, ¡¿recién lo conoces y vas a salir?! – dijo
-          Sip – dije, irónicamente y con una sonrisa de oreja a oreja, enfocándome en la computadora para no mostrar interés a lo que ella decía.
-          Bueno, si después apareces en una zanja tirada, yo te avisé.
-          Calmate loca, no es para tanto, es bueno el flaco, es salir a tomar algo a algún lugar, nada de otro mundo. ¿vos como conociste a tu novio?
-          Era mi amigo de antes…
-          ¿Pero antes como lo conociste?
-          En la radio, de chiquita. No tenes excusa, no tenes como cerrarme el orto – dijo.
-          Tenés razón. Pero me gusta, lo voy a ver igual. No jodas, dejame ser feliz.
Llegué a casa a las 17.05, me pegué una ducha rapidísima, y cuando salí de la habitación, apareció el dilema, ¿qué me pongo? No sabía a dónde íbamos, así que me vestí casual. Calzas negras, camisa de jean, zapatos con plataforma, no muy altos. Me delineé los ojos, rímel, un poco de brillo en los labios, (no mucho). Bolso negro y a la mierda todo.
Llegué a las 18.01, y él estaba ahí, pelo despeinado de una forma tal que lo hacía muy bonito. Sus ojos brillaban más de lo normal. Llevaba una chomba salmón, un jean de una marca muy buena, y unas zapatillas bien de su estilo. Estaba muy bien vestido.
Lo saludé y tomó mi mano. Me llevó hasta su auto: un audi 2014, color champagne. Lo más maravilloso fue que me abrió la puerta. Todo un caballero. Mientras estaba sentada esperando a que él suba noté que tenía un perfume riquísimo, tanto él como el auto. No podría imaginarme esto el primer día que lo vi.
Durante el camino le pregunté:
-          ¿De donde sacas tanta plata si solo vivís a relojes de arena?
-          Nunca dije que no hacía nada más.
-          ¿Qué más haces?
-          Vendo autos y propiedades
-          Ah, pequeño detalle…
Paró en Antares. Esperé a que me abriera la puerta y tomara mi mano.
Entramos y había hecho una reserva. La mesa estaba esperándonos con una cerveza negra artesanal del lugar, y unas papas. Me dijo que ya había pedido un salmón y más cerveza. ¿Cómo sabia mis gustos? Dios, me encantaba.

Hablamos toda la noche. Le conté de mi familia, de mi trabajo, las cosas que amo y las cosas que odio. Me contó más de su vida y sus pensamientos. Es muy abierto a ideas nuevas, amo que no me interrumpa, y no hay tema de conversación que le aburra.