Me
desperté y seguía durmiendo. Aproveché y le preparé un desayuno. Cuando fui a
despertarlo me estaba esperando con su carita de dormido. Me reí, me dio mucha
ternura. Era como un nene.
Me
sonrió, dejé el desayuno en su mesa de luz y de repente me tiró contra él a la
cama, y me empezó a besar como nunca. Tuve que parar la situación y decirle que
desayunemos…
-
¿No trabajas nunca vos che? – pregunté mientras mordía una galletita
-
Si, en este momento estoy trabajando… Bah, están trabajando por mi
-
¿Cómo?
-
Tengo diez agencias de autos en todo el país, y cinco inmobiliarias
también en todo el país.
-
¿Sos el dueño?
-
Si
-
Nunca lo hubiera imaginado el primer día en que te vi.
Se hizo
un silencio incomodo y nos miramos fijamente. Noté que en un mueble tenía una
cámara analógica:
-
¿Tiene rollo?
-
Si, usala
Me subí
sobre él, discretamente. Le tomé unas fotos y dejé la cámara en la mesita de
luz.
El día
estaba nublado así que estuvimos toda la tarde en la cama charlando. De verdad
me gustaba que no me apurara en nada.
Vimos
una película de comedia. Teníamos que pausarla para reírnos porque a mí me
causaba gracia su risa y a él la mía, era terrible lo que me provocaba.
-
Yo a vos te conozco de antes – dije
-
Si – dijo y suspiró, preocupado
-
¿Qué pasa?
-
Te acordas de tu accidente, ¿no? – dijo
-
¿Qué pasa? – dije ya un poco nerviosa
-
Eras mi novia, te olvidaste de unas cuantas cosas con el accidente.
Quedé
shockeada. Yo conocía este lugar, el cuadro, el perfume. El conocía mis gustos,
sabía mi talle, mi comida preferida. Sabía que mi lugar favorito en el mundo
era el arroyo, por eso me iba a buscar todos los días. Lo conocía. Sabía que
esta casa era nuestra, el gato, los sillones, el color de la pared lo había
elegido yo.
¿Por
qué Josefina no me dijo nada?
Me
levanté y me fui al patio. Estaba lloviendo. Empecé a llorar. Apareció Amir y
me abrazó, y lloramos juntos debajo de la lluvia.
- Final de la primera parte -