25 ene 2014

XII

Me desperté y no estaba a mi lado. Supuse que estaba haciendo el desayuno así que lo espere. Apareció con una bandeja con una chocolatada y galletitas. Además del café, la chocolatada me traía recuerdos de mi infancia, me gustaba muchísimo mojar las galletitas en la leche y morderlas cuando están húmedas. Se sentó a mi lado y me dijo que tenía algo planeado para hoy. Como me gustan las sorpresas no pregunté que era. Desayunamos y nos quedamos en la cama “cinco minutos más”, los cuales se hicieron dos horas.
Decidimos ducharnos juntos y partir hacia el lugar donde quería llevarme.
Esta vez fuimos en helicóptero. Me sentía millonaria. Lo mejor de todo era que si, era millonaria. El me había dicho que todo lo suyo era mío. Pero nunca me gustó mucho de aprovecharme de los demás. Solo disfrutaba de la vista.
Llegamos a la terraza de un hotel en Mar del Plata. Me llevó al Hermitage, no lo podía creer. Me contó que su sobrino trabajaba ahí y que podíamos hospedarnos por un precio bastante bajo para lo que es ese hotel. Pero igualmente no era problema para el pagar algo tan caro.
Bajamos del helicóptero y había una alfombra roja por la cual caminamos juntos, y nos llevó hasta una mesa donde estaba la cena recién servida, y alrededor había velas y flores. Muy romántico, me encantaba estar pasando todo esto.
Me había puesto unos taco aguja color negro y un vestido blanco. Me planché el pelo y perfumé. Usé los aros con diamantes que había en el placard y una cartera pequeña para solo meter… nada, porque no llevaba nada más que el celular y un poco de dinero.
Cuando bajamos a la habitación había una botella de champagne y dos copas. El cuarto era espectacular: una cama de dos plazas y media (¿para qué tan grande si iba a sobrar espacio?), sobre ella había pétalos de rosas rojas. En el baño un jacuzzi. En el balcón había velas y dos pequeños sillones. La noche era espectacular. No podía pedir nada más.
Amir bajó las luces y se encendió la música: sonaba Pink Floyd, wish you were here. Amaba esa canción. Nos pusimos a bailar y cantar mientras tomábamos champagne. De pronto estábamos en la cama riéndonos como dos nenes.
Me levanté y fui al balcón con mi copa. Me apoyé y no quise pensar. Solo quería contemplar la vista. No había viento, ni hacía calor. Se veían las luces de la ciudad, pero yo estaba en mi propio mundo.
Amir me abrazó por atrás, sacó la copa de mi mano, la apoyó en una pequeña mesa que había al lado y de pronto, bajó el cierre del vestido. Le quité la ropa. Me besó la espalda, me abrazó como nunca, e hicimos el amor en el pequeño sillón del balcón, percatándonos cada tanto de que nadie nos viera…

Me acordé de Josefina. Siempre soñó con vivir lo que yo estaba viviendo. La llamé a las dos de la mañana. Me pareció egoísta contarle todo lo que vivía, pero primero quise que nos viéramos.