Me
desperté y no estaba a mi lado. Supuse que estaba haciendo el desayuno así que
lo espere. Apareció con una bandeja con una chocolatada y galletitas. Además
del café, la chocolatada me traía recuerdos de mi infancia, me gustaba
muchísimo mojar las galletitas en la leche y morderlas cuando están húmedas. Se
sentó a mi lado y me dijo que tenía algo planeado para hoy. Como me gustan las
sorpresas no pregunté que era. Desayunamos y nos quedamos en la cama “cinco
minutos más”, los cuales se hicieron dos horas.
Decidimos
ducharnos juntos y partir hacia el lugar donde quería llevarme.
Esta
vez fuimos en helicóptero. Me sentía millonaria. Lo mejor de todo era que si,
era millonaria. El me había dicho que todo lo suyo era mío. Pero nunca me gustó
mucho de aprovecharme de los demás. Solo disfrutaba de la vista.
Llegamos
a la terraza de un hotel en Mar del Plata. Me llevó al Hermitage, no lo podía
creer. Me contó que su sobrino trabajaba ahí y que podíamos hospedarnos por un
precio bastante bajo para lo que es ese hotel. Pero igualmente no era problema
para el pagar algo tan caro.
Bajamos
del helicóptero y había una alfombra roja por la cual caminamos juntos, y nos
llevó hasta una mesa donde estaba la cena recién servida, y alrededor había
velas y flores. Muy romántico, me encantaba estar pasando todo esto.
Me
había puesto unos taco aguja color negro y un vestido blanco. Me planché el
pelo y perfumé. Usé los aros con diamantes que había en el placard y una
cartera pequeña para solo meter… nada, porque no llevaba nada más que el
celular y un poco de dinero.
Cuando
bajamos a la habitación había una botella de champagne y dos copas. El cuarto
era espectacular: una cama de dos plazas y media (¿para qué tan grande si iba a
sobrar espacio?), sobre ella había pétalos de rosas rojas. En el baño un
jacuzzi. En el balcón había velas y dos pequeños sillones. La noche era
espectacular. No podía pedir nada más.
Amir
bajó las luces y se encendió la música: sonaba Pink Floyd, wish you were here.
Amaba esa canción. Nos pusimos a bailar y cantar mientras tomábamos champagne.
De pronto estábamos en la cama riéndonos como dos nenes.
Me
levanté y fui al balcón con mi copa. Me apoyé y no quise pensar. Solo quería
contemplar la vista. No había viento, ni hacía calor. Se veían las luces de la
ciudad, pero yo estaba en mi propio mundo.
Amir me
abrazó por atrás, sacó la copa de mi mano, la apoyó en una pequeña mesa que
había al lado y de pronto, bajó el cierre del vestido. Le quité la ropa. Me
besó la espalda, me abrazó como nunca, e hicimos el amor en el pequeño sillón
del balcón, percatándonos cada tanto de que nadie nos viera…
Me acordé
de Josefina. Siempre soñó con vivir lo que yo estaba viviendo. La llamé a las
dos de la mañana. Me pareció egoísta contarle todo lo que vivía, pero primero
quise que nos viéramos.