Al otro
día fuimos a mi departamento. Lo despedí y las invité a las chicas a casa.
Josefina vino media hora antes y le conté absolutamente todo, también la puteé
un poco por no haberme dicho nada.
Pedimos
pizzas y compramos unas cervezas. Amir no paraba de mandarme mensajes
diciéndome que me extrañaba y que quería verme de nuevo.
Les
conté a Jaz, Agus, Sofi y Valen todo lo que pasó. A Josefina no hacía falta
contarle nada, ella escuchaba algo que ya le había contado mil veces. Era la más
cercana a mí.
Tomamos
un fernet con coca que tenía guardado hace unas semanas en la heladera y
después nos fuimos a la costa.
El
alcohol me había pegado bastante. No podía responder coherentemente el mensaje
que le mandaba a Amir.
-
“HJola mii amokr. TRe quieor ver YA”
-
¿Dónde estás? ¿Qué tomaste? Ahí te voy a buscar, pero decime donde estas.
-
En ls costg al frntw de casda, no vngeas
-
Ya voy. Quedate ahí.
Y de la
nada apareció. ¿Este pibe no tiene amigos? ¿No sale nunca? ¿Está pendiente de mí?
La
verdad es que estaba muy en mal estado, y las chicas peor. Nos acompaño hasta
casa, las chicas durmieron en el futón, otras en un colchón, y Amir conmigo en
mi cama. Me cambió, me lavó la cara, me ató el pelo, me acostó. Es tan tierno,
tan simple, tan perfecto.
Cuando
me levanté no estaba al lado mío. Tenía un terrible dolor de cabeza y espalda.
Me tomé una pastilla para calmarme y fui a desayunar. Las chicas ya se habían
ido y no encontré nada en la heladera, entonces me fui a Dickens a tomar un
café.
La
resaca que tenia era tremenda pero la pastilla me había calmado. Caminé un poco
y tomé aire. Me senté en la costa y sonó mi celular.
-
¿Hola? – contesté
-
¿Dónde estás? – dijo Amir
-
En la costa, ¿vos?
-
Recién salí de la ducha. Ahora te paso a buscar y vamos a casa.
-
¿Casa? ¿Cuál de todas? – dije riendo.
-
La nuestra boba, la que tenemos acá en mardel
-
Ah… claro… no recuerdo jajaja – dije y cortó.
Fui al
departamento, me cambie, tomé un par de cosas y bajé. Él ya estaba esperándome
con una rosa y una caja de bombones. No podía explicar lo que me producía eso.
Estábamos
en el estacionamiento, arriba del audi, y le saqué las llaves. Le dije que vaya
al asiento trasero y me hizo caso al instante. Me subí encima de él y empecé a
ser lo más bizarra que podía haber sido hasta el momento. En el lugar no había
nadie y además, el auto estaba polarizado.
Nunca
disfruté tanto tener sexo como en el auto, de verdad se sentía totalmente
distinto, era divertido y nuevo. Era un auto muy espacioso, por lo que no nos
fue incomodo. Siempre fui de probar cosas nuevas…