Amir se
había ido a la oficina que había en el centro, una de las tantas sucursales.
Aproveché
y me levanté de la cama, a las nueve. Tome poco dinero y me preparé casual. Una
pollera tiro alto negra, una camisa y unas chatitas. Me maquille un poco para
disimular la cara de muerta que tenia, y partí al centro.
Decidí
tomarme un remis. Llegué a las 09.25 y lo vi sentado. Recordaba su cara por las
fotos en facebook.
Lo
saludé y se quedó shockeado. Lo noté distraído, triste. Me dijo que me veía muy
cambiada y muy linda. Le pregunté sobre que quería hablar y me dijo:
-
Nosotros estábamos juntos
-
No, yo siempre estuve con Amir. Lo que paso entre nosotros fue un
romance y hay que olvidarlo. Estoy bien así, yo a vos a penas te conozco.
-
Me conoces más de lo que crees.
-
Qué lástima que no lo recuerde.
-
Sólo te pido una noche más, por favor – dijo casi rogando
-
Te estás equivocando Nico, de verdad, estás casado, tenes hijos. ¿A
vos te parece?
-
Mis hijos son por parte de mi ex mujer. Vos dijiste que la deje,
porque vos ibas a dejarlo a Amir por mí.
Comencé
a reír, imposible que deje a Amir por este hombre. Tenía que quererlo
demasiado.
-
Es imposible, me parece una ridiculez. Por favor, dejá de buscarme, ya
dijiste todo lo que tenias que decir, ¿no?
-
Te necesito Salomé. Por favor, pensalo, la última noche, la despedida.
Lo
saludé con un beso en el cachete y me fui. A penas había probado la lágrima que
pedí. Me parecía una estupidez dejar de estar con Amir por estar con Nicolás.
No sé si estuve feliz o triste por lo del accidente, pero agradecí haberlo
olvidado a él.
Por
momentos me llamaba muchísimo la atención. Digamos que no estaba convencida,
pero no podía serle nuevamente infiel a mi novio. Lo quería muchísimo. Pero, ¿enserio
iba a dejar a Amir por Nicolás, y él había dejado a su familia por mi? Tenía que
ser muy fuerte lo que sentíamos.
Llegué
a casa y me pegué una ducha rápida. Quería despejarme así que fui al arroyo a
tomar fotos. Me llamó Amir y no le contesté.
Más
tarde volví a casa y él me estaba esperando enojado. Me preguntó donde estuve,
que hice, con quien fui. Le dije que necesitaba estar sola un rato y me había ido
al arroyo. Que trate de no molestarme mucho porque no quería pelear. Entonces
me encerré en la habitación y me acosté.
Luego
de un rato vino junto a mí, me pidió perdón y dormimos una gran siesta que duró
hasta el otro día.