26 ene 2014

XVII

Amir se había ido a la oficina que había en el centro, una de las tantas sucursales.
Aproveché y me levanté de la cama, a las nueve. Tome poco dinero y me preparé casual. Una pollera tiro alto negra, una camisa y unas chatitas. Me maquille un poco para disimular la cara de muerta que tenia, y partí al centro.
Decidí tomarme un remis. Llegué a las 09.25 y lo vi sentado. Recordaba su cara por las fotos en facebook.
Lo saludé y se quedó shockeado. Lo noté distraído, triste. Me dijo que me veía muy cambiada y muy linda. Le pregunté sobre que quería hablar y me dijo:
-          Nosotros estábamos juntos
-          No, yo siempre estuve con Amir. Lo que paso entre nosotros fue un romance y hay que olvidarlo. Estoy bien así, yo a vos a penas te conozco.
-          Me conoces más de lo que crees.
-          Qué lástima que no lo recuerde.
-          Sólo te pido una noche más, por favor – dijo casi rogando
-          Te estás equivocando Nico, de verdad, estás casado, tenes hijos. ¿A vos te parece?
-          Mis hijos son por parte de mi ex mujer. Vos dijiste que la deje, porque vos ibas a dejarlo a Amir por mí.
Comencé a reír, imposible que deje a Amir por este hombre. Tenía que quererlo demasiado.
-          Es imposible, me parece una ridiculez. Por favor, dejá de buscarme, ya dijiste todo lo que tenias que decir, ¿no?
-          Te necesito Salomé. Por favor, pensalo, la última noche, la despedida.
Lo saludé con un beso en el cachete y me fui. A penas había probado la lágrima que pedí. Me parecía una estupidez dejar de estar con Amir por estar con Nicolás. No sé si estuve feliz o triste por lo del accidente, pero agradecí haberlo olvidado a él.
Por momentos me llamaba muchísimo la atención. Digamos que no estaba convencida, pero no podía serle nuevamente infiel a mi novio. Lo quería muchísimo. Pero, ¿enserio iba a dejar a Amir por Nicolás, y él había dejado a su familia por mi? Tenía que ser muy fuerte lo que sentíamos.  
Llegué a casa y me pegué una ducha rápida. Quería despejarme así que fui al arroyo a tomar fotos. Me llamó Amir y no le contesté.
Más tarde volví a casa y él me estaba esperando enojado. Me preguntó donde estuve, que hice, con quien fui. Le dije que necesitaba estar sola un rato y me había ido al arroyo. Que trate de no molestarme mucho porque no quería pelear. Entonces me encerré en la habitación y me acosté.

Luego de un rato vino junto a mí, me pidió perdón y dormimos una gran siesta que duró hasta el otro día.