28 ene 2014

XX

Pensé mucho en Nicolás, y decidí ir a verlo. Decidí “conocerlo”, ver si podía acordarme de él.
Me dijo que vaya a su casa a tomar mates y no me pareció mala idea. Además, Amir estaba de viaje por negocios, quizás conseguía otro buen trabajo.
A penas llegué me di cuenta de que tenía tres retratos míos. Uno de los dos juntos y una foto que le había sacado yo. Su casa era chiquita pero linda. Colores cálidos, un sillón y una televisión, dos habitaciones y un gran baño. La cocina era hermosa. Estaba todo limpio y ordenado.
Me contó toda nuestra historia: todo empezó en Bariloche. Estuvimos juntos una noche y al volver a Mar del Plata nos volvimos a ver muchas veces más. Hubo un año donde no nos hablamos, por los estudios, y porque él estaba en pareja. Pero esa relación terminó y volvió a llamarme. Yo estaba en otra, él no me afectaba. Me hice rogar, me buscó, se enganchó y estuvimos juntos pero nunca con el título oficial. Era vernos, tener relaciones. A veces salir, o quedarnos dormidos y no hacer nada. Realmente yo no estaba enganchada, pero después empecé a confundirme, creía que lo quería, tenía un cariño inmenso, y hasta me enamoré de él. Pero luego ocurrió lo del accidente. Nos íbamos a juntar, íbamos a estar realmente de novios antes del accidente.
Terminó llorando. Me tomó la mano y me besó. No lo paré. Sentí cosquillas en el pecho, en la panza. Me gustaba, pero le volví a ser infiel a Amir. Decidí irme antes de que pasen más cosas, me tenía miedo, no confiaba en mi misma. Pero prometí que nos volveríamos a ver, porque así lo sentí, quería volver a verlo.

Cuando estaba de nuevo en casa me duché durante media hora. Salí con los dedos arrugados. Lloré debajo del agua, estaba frustrada, necesitaba alejarme, acordarme, ser quien era antes. Me enfurecía y me dolía estar haciendo las cosas mal de nuevo. Pero no pude controlarme.