Pasaron
dos meses desde que lo vi a Amir por última vez. Lo llamé y le dije de hablar.
De verdad no lo extrañaba, no quería estar con él.
Cuando
vino a casa me confesó que estuvo con Manuela durante los últimos días. No me
molestó en absoluto. Le dije que necesitaba un departamento nuevo y me dijo que
esta casa era mía. Sin mucho más que hablar nos despedimos, comprobé que ya era
al pedo extender ese partido… Tomo sus pertenencias, me besó y se fue.
Podría
haber sido una basura, contarle que vi a Nicolás el mismo día que nos
separamos. Pero no, no me salía ser mala. Lo llamé:
-
Nico, ¿estás?
-
Si, ¿qué pasó?
-
¿Cuándo nos vemos?
-
Estoy yendo a tu casa.
Vino y
me abrazó. En ese momento fui feliz. Nos quedamos tirados, hablando, riéndonos
como dos nenes de 17 enamorados. Extrañaba la sensación de las cosquillitas en
la panza, de reírme por nada, abrazarlo y sentir su perfume.
Cuando
me dijo “Salo, te quiero tanto” me vino un flashback a la cabeza. Nosotros dos
en la arena, comiendo, en Santa Clara. Riéndonos a carcajadas y él me decía
eso. La primera vez que me lo había dicho “Salo, te quiero tanto”.
Me
largué a llorar, desconsoladamente. Nico no entendía nada, me preguntaba
preocupado que era lo que pasaba. Y lo único que le dije fue “nada, me acordé,
te quiero”. Me abrazó y nos dormimos. Estaba siendo muy feliz.
No
podía contarle a mi familia que en el pasado le fui infiel a Amir con Nicolás.
Y menos que ahora estaba de nuevo con Nicolás. Nos oficializamos. Éramos
pareja, al fin. Después de tantos años de idas y vueltas, nos pusimos de
novios.
Me era
incomodo que tan rápidamente venga a vivir conmigo, así que decidimos esperar.
Íbamos
al cine, a la playa, al camping. A la costa a la noche en auto. Me cumplió mi
mayor fantasía: hacer el amor en la casita de los bañeros. La pasábamos muy
bien.
A veces
no sé si sentía vergüenza o culpa por haberle hecho esto a Amir, pero él
tampoco me demostró interés en la relación: si me quería, me buscaba de todas
maneras. Así somos las mujeres, pedimos “espacio” pero nos encanta que nos
busquen. Histéricas.
Le
escribí una carta, le pedí disculpas más que nada. No quería volver con él,
quería que quede todo bien, era una de las pocas personas que me conocía tanto
y uno de los pocos que me quiso de tal manera que me era difícil explicar. Le
deseé suerte, y al final le puse, que si me necesitaba, estaba.
Decidí
mandársela por facebook. Eso también me dio vergüenza, pero era una manera de
evitar cualquier confusión con quizás otra persona que lo leyera.