9 ago 2014

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Me levanté y Aquiles no estaba a mi lado.
Lo busqué por toda la casa y no aparecía. Supuse que se había ido.
Era sabado y tenía franco. De repente, escuché la puerta y fui a atender inmediatamente en el peor estado que podía encontrarme: desnuda, solo con las sabanas blancas de la cama de él.
Era la mujer de pelo corto.
Me miró de arriba a bajo, puso cara de asco y preguntó por Aquiles. Le dije que no estaba y que no sabía cuando iba a volver. Me dijo que lo iba a esperar, ya que él le dijo que venga.
Cuando dijo lo ultimo, mi expresión cambió. Le dije que esperara sentada que yo iba a cambiarme. Entré en la habitación de Aquiles, y tomé la poca ropa que había ahí. Mi camisa y sweter habían quedado tirados en la cocina la noche anterior. Espero que ella lo haya visto.
Pasé en corpiño y tomé la camisa y me la puse, mirandola a ella con expresion satisfecha en mi cara. El sweter lo dejé en mi cama.
Preparé un té, y le ofrecí. Lo rechazó educadamente pero manteniendose al margen con su cara de galletita quemada.
- No sé que es lo que pasa entre Aquiles y vos, pero quiero que sepas que yo voy a hacer lo posible para recuperar lo que es mío. - dijo en Italiano, lo cual entendí a medias.
Ah no, si estaba buscando pelearse, había sacado todos los numeros. ¡¿ "Lo que es mío" ?! Lo que es tuyo a mi me hizo el amor en el mismo lugar donde estamos ahora, querida.
- No pasa nada entre nosotros - dije - así que hacé lo que quieras. A mi no me des ultimatums, Tanita.
- Apareciste desnuda en la puerta y fuiste a buscar ropa a su habitación. - dijo, irónica, se notaba que no entendió lo que le dije por su expresión en el rostro.
- No pasa nada entre nosotros. - Repetí
- Está bien, sólo quería hablar con él. Mantente alejada.
- Vivo con él - dije, sonriendo.
Apareció en la puerta y se quedó con cara de poker. No se lo esperaba. Mi cara de asco se hizo notar. Tomé la taza y los dejé solos.
Escuché una fuerte discusión y un golpazo. Salí de mi cuarto
- Le dijiste que venga? Te sacaste las ganas conmigo y ya volviste con ella.. - dije - espero que no vuelva, es una mina bastante asquerosa.
- No digas estupideces. Vino a llevarse su ropa. Le dije que no la quería ver de nuevo en esta casa.
- Si, y no me defendiste cuando me dijo zorra y otras cositas, además de que dijo que iba a hacer lo posible por volver con vos.
- No te tiene que importar lo que piensen sobre vos. Sólo de mi te tiene que importar. Y con ella ya te dije que no hay nada, no siento nada.
- No me interesa ni lo que pienses vos - dije, enojada - si pasa algo entre ustedes, bien, pero manteneme informada así no es cornuda. - dije ironicamente.
Se acercó y me besó suavemente. Me subió a la mesada y empezó a desabrocharme nuevamente la camisa. A penas sentirlo cerca me erizaba los pelos, pero me mantuve firme y lo paré.
- Mmmmmme parece que tendriamos que cocinar... - dije
Soltó un suspiro de frustración, y aceptó.
El amasó la masa para tarta y yo hice el relleno.
Me tiró harina en el pelo y yo tiré un huevo sobre él. Terminamos enchastrados. Comimos y me fui a duchar.
En la ducha, reviví todos los momentos de la noche anterior. No podía creer lo que había hecho. No sabía por qué, pero creía que estaba mal, que iba en mi contra. Seguía enojada con él y conmigo.
Sentí que unas manos se posaban en mi espalda húmeda y salté. Casi me resbalo, pero tenía a Aquiles sosteniendome y riendose a carcajadas.
Le pegué y lo besé con muchas ganas. No iba a histeriquearlo. Volvimos a hacerlo, esta vez abajo del agua.
Le advertí que no tomaba la pastilla, y como no podía usar preservativo en la ducha, no tenía que terminar dentro. Tomó mis caderas y empezó a enjabonarlas, también a mi monte de venus y a mi clítoris. Repetí lo mismo con su pecho, espalda y pene.
Estabamos enredados, haciendo el amor en la ducha.
El agua enfrió, pero no alcanzaba para enfriar a nuestros cuerpos. Estabamos exhaustos pero satisfechos. Es un dios en la cama, y en la ducha.
- Seguís enojada? - dijo, esbozando su hermosa sonrisa
- Para nada... - dije y me reí - pero que no vuelva.