10 ago 2014

45

Llamé a mis papás y hablé un buen rato. Les conté de todo, salvo Aquiles.
Más tarde, fuimos al supermercado. Nos la pasamos discutiendo porque yo quería una cosa y él quería otra. Así que tomé otro carrito e hice mis propias compras y pagué yo.
Estaba furioso. Ni me miraba ni me hablaba. Tomé un té, mientras leía. Decidí utilizar la ley del hielo. Fría. Irrompible. (Casi).
Se hicieron las doce de la noche, después de no haber cenado, hablado, o mirado. Me fui a mi habitación y me acosté. Doce y media me tomó de mi cama y me llevó a la suya. No protesté, pataleé, ni hablé. Él solo me abrazó y yo no lo toqué.
- Hablame, tonta
- ...
- Dale, el enojado era yo, ya se me pasó, me cuesta dormir peleados.
- Yo no estoy enojada.Vos solo te enojas por estupideces.
- Tenés razón. Abrazame.
- No quiero, callate y dormí o me voy.
Me acercó más a su cuerpo, sentía su respiración tranquila en mi nuca. No había nada más placentero que dormir a su lado, lo admito.
Pasados los 10 minutos, me di vuelta, le di un beso, y lo abracé. Dormí con mi cabeza en su pecho, escuchando como su corazón latía con fuerza.

- No te vayas, por favor.
Eran las 4 de la madrugada. No sabía por qué había dicho eso, pero estaba repitiéndolo.
- No te vayas, no te vayas, no me dejes.
- Eu, que pasa? Aquiles...
Él sudaba, tenía los ojos cerrados y estaba temblando. Seguía durmiendo. Toqué su frente y noté que estaba enfermo, deliraba.
- Por favor, quedate...
- Aquiles...
- More, quedate. Morena, Morena. Por favor.
Se me paró el corazón. ¿Quién era "More"? Le solté la mano. Me levanté, busqué un trapo húmedo y agua fría y se la pasé en la frente. Estaba mas tranquilo y no pronunciaba ni una palabra. Creo que estaba soñando o alucinando por la temperatura alta que tenía, pero la intriga de saber quien era esa mujer me dejaba intranquila. Cuando despierte, lo hablaríamos.
A las 4:50 me fui a mi habitación. Hacía días no dormía tranquila y este muchacho me daba más dudas que soluciones. No sabía a donde iba a llegar esto y tampoco quería averiguarlo. Primero, la mujer de pelo corto, que no sabía ni su nombre, quizas era esa Morena, lo cual traía otro inconveniente, que él la busca en sus sueños, pide que se quede, cuando me tiene al lado. No tenía ganas de tener tantas cosas en la cabeza. No quiero inconvenientes. Si esto seguía así, o me iba a otro lugar, o volvía a Argentina.
Me desperté, me cepillé los dientes, desayuné y me fui a trabajar. Antes de salir, me fijé que Aquiles esté mejor que ayer, pero desafortunadamente seguía igual. Dejé a su lado unas pastillas para cuando despertara.

Mariano, como todos los días me invitaba un café luego del trabajo. Nos hicimos bastante amigos y descubrí que era gay. El sueño de toda mina, tener un amigo gay. Me llevó de nuevo a casa y Aquiles estaba sentado en una silla tomando agua.
- Como te sentis? - dije, distante
- Mejor, gracias.
Fui a mi habitación y me acosté. Estaba cansadisima. Dormí una pequeña siesta y me levanté a cenar.
Aquiles estaba sentado en la misma posicion y seguía tomando agua.
- Pasa algo? - dije
- Si, estoy enfermo.
- Eso ya lo sé.
Se mantuvo callado un rato y no dijo nada más.
Le preparé una comida sana y a penas la probó. Me agradeció pero se sentía mal. Fue a acostarse y esta vez no me pidio que me acueste con él.
Entré en su cuarto después de haber ordenado y estaba llorando. No entendía por qué. Lo abracé y me abrazó muy fuerte. Su llanto fue cesando y su respiración se hizo más lenta. Se durmió en mis brazos. Estaba con mucha menos temperatura pero aún seguía enfermo. Lo acosté con dificultad, ya que era bastante pesado, y lo tapé.
Cuando estaba por irme, me tomó la mano y me acostó a su lado. Enojada, me separé de él y me fui a mi cuarto. Me gritó para que me quedara pero lo unico que pude hacer era encerrarme en mi pieza y dormirme.