Lo besé y me senté. A penas me miraba. ÉL tenía vergüenza, sabía que todo estaba mal.
- ¿Qué pasa? - dijo
- A mi nada. Vos estabas enfermo. Ahora estas bien - dije, indiferente.
- Somos grandes, no estoy para vueltas. ¿Por qué te fuiste ayer? ¿Por qué no me das una oportunidad? ¿A qué le tenes miedo?
A vos, pensé.
Evadí el tema y fui directo a lo que me comía la cabeza.
- ¿Quién es Morena?
Su expresión cambió. Sus ojos grises dejaron de brillar y se llenaron de lagrimas. Su pequeña sonrisa se volvió una linea recta y era incapaz de mirarme a la cara.
- Mi esposa.
- ¿Estás casado? - dije. No podía creer lo que me estaba diciendo.
- Hasta que la muerte nos separó. - hizo una pausa, respiró profundo y siguió - Murió el año pasado en un accidente cuando volvíamos de París. Estaba embarazada de tres meses. - cayó una lagrima - Un camión embistió el colectivo en el que veníamos. De frente, chocamos y murieron 4 personas en el acto. 2 quedaron en grave estado y entre esas, mi mujer, Morena. En la clínica, estaba muy mal, pasó un día en coma y se deterioró de un momento a otro. - sus puños se cerraron, al igual que sus ojos. Estaba muy enojado y triste.
Por eso lo de "Quedate More, no me dejes"... pensé.
Me quedé helada. Me levanté y me senté en su regazo. Sus ojos volvían a brillar. Estaba tranquilo, como si se hubiera sacado un peso de encima. Lo besé y lo abracé.
- Perdón, te juro que no tenía ni idea. - dije con arrepentimiento.
- No, está bien. ¿Cómo sabías su nombre? - decía mientras se secaba las lagrimas.
- Cuando tenías fiebre, la nombrabas. Pedías que se quede. Que no se vaya nunca.
Me abrazó aún más y enterró su cara en mi cuello. Tomé sus mejillas y acerqué su rostro al mío. Nos mirabamos fijo. Con la mirada pude decirle lo que no podía ni admitirme a mi misma. Me volvía loca.
- Sos muy parecida a ella - dijo en voz baja - vení.
Me llevó a su habitación y de un gran cajón sacó una foto de ella. Era muy parecida, es verdad. Sus ojos marrones brillaban mucho y su sonrisa era espectacular. Ella tenia el pelo un poco más rizado y brillante, en cambio yo, lo tenía liso pero opaco. Igualmente, era perfecta, reflejaba felicidad en su rostro.
- Es hermosa - dije sinceramente - tenías mucha suerte. Imagino que era muy buena.
- Era perfecta. A veces no entiendo por qué las cosas buenas duran tan poco.
- Es la ley de la vida: lo bueno dura poco. Pero si lo supiste disfrutar, tenés que estar bien con vos mismo.
Tenía que ir a trabajar, pero llamé a Mariano para avisarle que no iba a ir porque "me sentía un poco mal".
Nos acostamos.
Pasábamos todo el día tirados en la cama. El tiempo, maldita daga, lamiéndonos los pies.
- Nunca antes, después del accidente, había estado tan bien y tranquilo con alguien.
- Ni con la chica de pelo corto?
- Ni con ella, era solo una aventura.
- Me alegro, entonces. Yo tampoco había estado tan contenta en mucho tiempo - y era verdad, últimamente me sentía disconforme con todo lo que me rodeaba, por eso había venido a Italia.
Me besó y nos dormimos toda la tarde abrazados.