18 ago 2014

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Sentí la frescura de sus labios posandose sobre los míos y su gusto a menta tan particular sobre mi boca.
Sobre una bandeja, yacía un plato de avena, banana y leche. Al lado, jugo de naranja exprimido y rodajas de limón. En un costado, una rosa blanca.
Sonreí como una adolescente enamorada, embobada. Desayuné tranquila, ya que esa tarde tenía franco, mientras Aquiles terminaba de cambiarse. Pensé en lo poco que lo conocía, entonces surgieron mis preguntas.
- Contame de tus papás - dije mientras masticaba - ¿viven acá?
Su rostro cambió, se puso tenso y en sus ojos no existía el brillo.
- No. Viven en Argentina.
- Ah. Y de que trabajan? - pregunté
- Mi mamá es ama de casa. Mi papá es presidente de una de las concesionarias de autos más grande del mundo. Audi - dijo, sin darle importancia, desinteresado.
Me ahogué con la avena y tuve que tragar el jugo. Su padre era multimillonario.
- Tenes relación con ellos?
- Si, a penas hablamos. Hubo problemas después del accidente de Morena. Pero de vez en cuando llaman y yo los llamo.
Decidí no meter más el dedo en la yaga y seguir desayunando. Cuando terminé, me puse un vestido azul francia y unos zapatos blancos. La cartera combinaba con los zapatos. Me maquillé un poco y Aquiles estaba esperandome afuera sobre la moto.
- A donde vamos, señor?
- De compras, señorita.
Sonreí y me subí atrás de el en la moto. Lo abracé muy fuerte y partimos.
El viento caliente de un dia soleado me daba en la cara y me enredaba el pelo, lo cual no me molestaba. Estaba bien.
Llegamos a un gran shopping y me vi tentada a comprar todos los zapatos del mundo, pero había llevado poco dinero ya que sabia que lo iba a gastar en cosas sin importancia.
Me baboseé con unos zapatos de Tommy Hilfiger pero salían muy caros. Lo mismo pasó con una cartera Gucci. Era el paraíso.
Terminé comprando un vestido rojo, corto hasta un poco debajo de la cola. Aquiles había dado una vuelta solo mientras yo me probaba. Quería darle la sorpresa. También compré lenceria negra y roja bastante provocativa. Iba a estrenarla con él.
Cuando salí del local, lo ví sentado. Suspiré, era perfecto. Sus bermudas beige y su chomba blanca que combinaban con sus mocasines del mismo color, me estremecía. Dolía ver lo maravilloso que era, y era mio.
Estaba con unas bolsas de Tommy y Gucci, el probablemente se pudo dar el gusto de comprarse algo caro.
Pasé por un local de vestidos de novia y me quedé impresionada con solo verlos. Aquiles me miraba con una cara traviesa y emitia una gran sonrisa. Yo puse los ojos en blanco y seguí caminando.
Merendamos en un gran café. Me sorprendía los lujos que este muchacho se daba ya que siendo cocinero no se ganaba mucho, pero luego recordé lo de su padre e imaginé que tenía parte del dinero que ganaba, pues era su hijo.
Pedí un licuado de frutillas y un lemon pie, mientras el prefirió un submarino con una torta de frutos rojos.
- Tengo una hermana - empezó a hablar de la nada - que tiene 18 años. Está estudiando Ingeniería mecánica y le va muy bien. Ellos viven en La Plata.
- Ah - respondí - yo tengo cuatro hermanos; dos mujeres y dos hombres. Yo soy la más chica. - me sonrojé - y mis papás viven en Mar del Plata. Mi mamá es ama de casa, vende ropa también. Mi papá es policía retirado.
Asintió ante lo que le contaba y se sorprendió al ver que mi papá era policía.
- Tenías pareja antes de venir a Italia?
Inhalé. Tenía que llegar el día en que se lo contara.
- Si.
- Y qué pasó? - dijo seriamente, noté una pizca de celos en sus ojos.
- Perdí un hijo - dije, tratando de contener la tristeza. Él agachó la mirada - y el me engañó. Decidí empezar de cero acá, aunque sea unos meses. A mis papás no les disgustó la idea, así que vine.
Se notó la compasión que me tenía. Tomó mi mano y la besó. Entendía lo que era perder un hijo. Estaba bien sentirme contenida por él.
- Me haces acordar tanto a Morena...
- Seguro era una mujer más que buena, y tenía tanta suerte como la que tengo yo.
- ¿Por qué lo decis? - dijo, sonriendo, aunque ya sabia la respuesta.
- Por tenerte al lado, tonto.
Soltó una pequeña risita. Seguimos hablando de todo un poco hasta que mencionó a sus padres de nuevo.
- Ellos me hecharon la culpa de que Morena haya muerto. En realidad, mi papá. Mi mamá me apoyó con todo, y me dijo que este fin de semana vaya a cenar. No les conté de vos, por eso prefería ir de sorpresa y presentarte. Les vas a caer bien. ¿Aceptas?
- Claro, con gusto. - dije, incómoda, aunque me daba rabia que su padre sea tan egoísta y poco comprensivo.
Fuimos a casa. Me dijo que me prepare para salir, porque me iba a llevar a un lugar estupendo.
Fui a ducharme y cuando salí del baño y entré a mi habitacion me encontré con los zapatos de Tommy que me hacian juego con el vestido, al igual que la cartera de Gucci. Aquiles estaba en la cocina, por lo tanto, me preparé. Estaba sorprendida. Se había gastado dos sueldos en ese conjunto.
Me puse la ropa interior roja que me compré esa tarde, junto al pequeño vestido y los zapatos. Dentro de la cartera metí lo necesario. Sequé mi pelo y me maquillé discretamente. Mis labios estaban tan rojos como el vestido. Eran preciosos
Salí y lo vi sentado tomando una copa de vino blanco. Sus ojos brillaron al verme y su sonrisa creció. De arriba a bajo su mirada me recorría y se posó en mis piernas.
- No, no no no. ¿Sabés con los hombres que voy a tener que pelearme para que dejen de mirarte hoy? Estas hecha una furia. Sos hermosa. - dijo incrédulo
- Bueno, vos no te quedás atrás. A las atorrantas las alejo a los arañazos si te quieren tocar - dije, riendome.
Se me acercó y me besó. Estaba vestido con un gran traje y tenía el aroma de los dioses. Mío.
Vamos, si te sigo mirando vamos a perder la reserva.
Imaginé que no me iba a llevar en la moto por el vestido. Pero cuando salí a la calle, lo ví. Un audi R8 spyder. Descapotable. Blanco. Resplandecía. El cuero que estaba dentro me estremeció al tocar mis dedos. Era un orgasmo.
- Regalito de papá - dijo, finjiendo una sonrisa - se quiere disculpar, y lo material no me interesa, pero no podía decirle que no a semejante máquina.
Gemí, grité, no sé, pero me miró seductor y me apoyó contra el capó del auto muy fuerte, y al oido me dijo.
- ¿Hay algo más perfecto que vos dentro de este auto?
- Si - dije entrecortadamente - vos dentro mío.
Cerró los ojos y se mordió los labios. Me besó. Me llevó hasta la puerta del acompañante. Abrió la puerta y entré. La cerró y el se sentó a mi lado un minuto después.
- Me estoy controlando mucho, señorita. Ahora, vayamos a cenar así termina la puta noche, lo unico que quiero es tenerte desnuda en mi cama.
- Ah - dije - entonces, vamos.
Arrancó y paramos en uno de los restaurantes más caros de la ciudad.
Pedimos pastas y nos deleitamos con un gran postre de helado y frutos. Charlamos y nos conocimos un poco más. Me gustaba, mucho..
Más tarde estabamos haciendo el amor en su cama, como había propuesto.