No quería aceptarlo, pero me estaba enamorando de él.
- Te acordas cuando te dije que papá me había invitado a cenar? - dijo, mostrándome dos boletos a Argentina para esa misma noche.
- No era que no sabían que yo iba? - dije, tomando los boletos
- No lo saben. No saben ni que voy yo... así que preparate un bolsito y vamos al aeropuerto, mujer.
Cuando terminé el bolso, me duché rapidamente y él estaba metiendo las cosas en el baúl del taxi que había pedido. Tomé el pasaporte, documentos, celular y la cámara que era lo que más me importaba y corrí hacia la puerta. Lo noté divertido esperandome en la puerta del auto, pero su mirada decía más que su sonrisa: estaba nervioso.
Nos metimos al taxi y fuimos al aeropuerto. Había llamado al trabajo para decir que me iba de viaje y sólo faltaba unos dias, los cual me descontaban, pero no importaba, tenía mis ahorros en el banco.
Lo abracé en el auto y le di un beso. Él sabía bien que yo intuía que estaba nervioso. Me apretó un poco contra él y me besó la frente, como la primer noche después de haberme invitado a cenar y que yo me haya escapado. Todavía seguía diciendome a mi misma que un beso en la frente no es para cualquier persona.
LLegamos al aeropuerto, hicimos el check-in, dimos los bolsos y esperamos a que llegara nuestro avión.
El aeropuerto era gigantesco y hermoso, muy moderno. Me probé perfume en una de las perfumerias y tomamos un café mientras charlabamos de su familia. Me hubiera gutado que conozca a la mía, pero todavía no era el momento. Hacía un mes que estaba en Italia y ya tenía pareja... Bueno, nunca nos oficializamos, así que basicamente es mi cónyuge.
Siempre me preocupó lo que los demás dijeran de mi, por eso no me gustaba la idea de caer a mi casa con un novio distinto por mes. No era lo que le gustaba a mi familia y tampoco a mi, pero las cosas se dieron así.
Entramos al avión. Fuimos derecho a nuestros asientos y él automaticamente se puso el cinturón. Estaba nervioso, no por sus padres, sino por viajar en el avión. Sudaba un poco y a mi me llenaba de ternura, me lo comía.
Me senté a su lado y me acerqué a su boca, lo besé con pasión unos segundos para que se olvide de todo, y cuando nuestros labios se separaron me miró con una mirada ardiente y a la vez, como si me agradeciera. Me puse el cinturón yo y me tomó la mano muy fuerte.
El despegue fue tranquilo, y durante el viaje de 13 horas no hubo mucha turbulencia. La noche era hermosa y no se veía nada. Cuando amanecía, el cielo se aclaraba y se veían las nubes. Como si estuvieramos sobre ellas.
Aquiles seguía dormido con su cara hermosa, era tan perfecto y mio. Estaba loca por él.
Lo desperté para desayunar y porque ya estabamos llegando a Argentina.
Durante el aterrizaje también estaba intranquilo, pero traté de calmarlo y hacerle saber que estaba a su lado.
Bajamos del avión y tomamos un taxi después de haber tomado los bolsos, destino a La Plata, a conocer a sus padres.