24 ago 2014

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La casa se encontraba a las afueras de la ciudad, bien lejos del ruido y la gente. No era de las ciudades que más me gustaban, prefería la tranquilidad del campo antes que el ruido de la ciudad, sin embargo, este era un punto medio: podías vivir lejos de la ciudad, pero a la vez, te quedaba cerca si necesitabas algo. El punto perfecto.
Llegamos a un portón enrejado, enorme. Aquiles tecleó desde el taxi unos números al lado de la reja, y se abrieron automáticamente. Una cámara seguía el auto. Un kilometro adentro, vi la casa. Tenía una espectacular entrada, con trotadora como para 4 autos, circular, digamos.. como una rotonda.
Era gigantesca, de piedra por afuera. Tenía grandes ventanales que daban a una gran terraza, donde estaba la entrada. Allí se subía por una escalera no tan larga, pero que si la subías varias veces, cansaba. Estaba impresionada por lo hermosa que era la casa. Afuera, había arboles, plantas, y unas sillas de madera hermosa que rodeaban a un lugar donde se hacían fogatas, un "hogar" pero en el patio. Siempre soñé con uno de esos. Estaba perfectamente iluminada, y los padres nos estaban esperando parados en la escalera, junto a su hermana.
Bajamos las valijas y le pagamos al taxista. También estaba impresionado por la hermosura de la casa.
Solté un suspiro y sonreí, al ver a la familia que nos esperaba. Aquiles tomó mi mano y la apretó fuerte. Luego me miró y me dijo muy bajito: "Preparada?"
Le respondí con un apretón fuerte de manos y le sonreí, nuevamente. Eso era un SI.
Caminamos hasta las escaleras. Su madre era rubia de ojos verdes. Tenía un cuerpo espectacular y no tenía ni una arruga, parecía de treinta, aunque Aquiles me había dicho que tenía 55 años. Supongo que estaba llena de operaciones. Igualmente, era muy bonita. Su sonrisa deslumbraba. Tenía un vestido blanco que llegaba hasta las rodillas, y marcaba muy bien sus curvas.
Su padre era muy parecido a Aquiles, tenían los mismos ojos grises y las mismas facciones, nada más que este si tenía arrugas, no le importaba en absoluto su estética. Vestía un traje que hacía juego con sus ojos, y una corbata rosa resaltaba. Su rostro era serio, pero había una pequeña sonrisa en su cara.
Su hermana era morocha de ojos verdes. Muy bonita, pero su cara lo decía todo: me iba a costar acercarme a ella, no tenía ni el menor gesto agradable, sino que tenía una mala cara increíble, me comía con la mirada, me iba a odiar si no hacía nada al respecto.
- Buenas noches, señorita... - dijo el padre a mi
- María, Salomé María. Si, María es mi apellido - dije, sonriendo y aclarando
- Hola Salomé - dijo la madre y me abrazó con fuerza - ¡que hermoso nombre!, escuché mucho sobre vos.
- Muchas gracias, espero que hayan sido cosas buenas las que te dijeron - comenté mirando a Aquiles, él se ruborizaba y saludaba a su padre.
Lo saludé a su papá y luego a su hermana, que seguía fría y me sonrió falsamente.
Entramos a la casa. El living era inmenso. Colores cálidos y mucha madera inundaba a la casa. Te sentías totalmente en placer y armonía. Había un gran sillón en forma de L de color crema, y sus almohadones eran marrones y ocre. Un gran hogar ocupaba la mitad del living, y separaba al comedor de este. La cocina tenía una isla, y era hermoso. Totalmente espacioso y delicado.
- Bueno, la cena va a estar en unos minutos, pónganse cómodos por favor. Salomé, te acompaño a tu habitación, Aquiles tiene la suya, por eso preferimos que duerman separados... Tradición, antes del matrimonio. Tengo entendido por Aquiles que ustedes no duermen juntos en Italia... - dijo, mirándome seriamente.
Miré a Aquiles y sonreí, era inevitable. Me comió con la mirada, sabía lo que tenía que decir, pero no me lo había comentado para nada.
- Yo tengo una habitación lejos de la de él en Italia...
- Y ni hablar de mantener relaciones - dijo secamente
- No, para nada, virgen hasta el matrimonio - dije ruborizándome, y obviamente mintiendo. Se me daba bien por mentir porque todos creían eso, que era un ángel cuando en realidad era más un demonio.
- Seguro que es virgen, mamá. Mirale la cara - dijo la hermana, riéndose de mi.
Intenté no responderle, sino que le sonreí y seguí mirando a la madre. Seguro que ella era bastante zorrita.
- Cállate, por favor Sabrina. - la retó. Volviendo a mi dijo - Perfecto, me alegro y me enorgullece eso, por como van las cosas, el matrimonio vendrá pronto - dijo su madre.
- Todavía no es un tema que hayamos hablado, mamá - dijo Aquiles, metiéndose en la conversación. - ¿Por qué no la llevas a su habitación?
- Claro, hijo - dijo estupefacta. - Dale a Fredward tu valija, Salo.
Le di la valija al mayordomo y nos dirigimos a un pasillo largo que daba a tres puertas distintas. En una habitación entró Aquiles. En otra iba yo, y la otra no la ocupaba nadie. La habitación de los padres y de Sabrina era un piso arriba. Era estúpido dejarnos solos abajo.
Era aún más estupido pensar que yo era virgen. Más estando con Aquiles que iba a tener un hijo...
De repente muchas preguntas se vinieron a mi cabeza. Y tenía muchas ganas de respondermelas. Pero lo necesitaba a él.