Resulta que su madre también era chef, y nos preparó un riquísimo asado con variadas ensaladas. La mesa estaba puesta en el comedor. El padre me hizo escoger a mi el vino, y como eran carnes, elegí un Malbec, Lopez. Iba muy bien con la carne roja, y lo dejé sorprendido. No por nada había hecho el curso de Sommelier en Argentina hacía unos años.
Luego de una gran charla, me quedó claro que el padre de Aquiles, Mariano, no compartía la idea de la virginidad antes del matrimonio, pero la respetaba por su propia mujer. Sus comentarios y miradas me hacían darme cuenta de muchas cosas. Me guiñaba el ojo y me hacía caras mientras su mujer hablaba de lo importante que era el matrimonio y la virginidad y todo eso. Era muy simpático, y obviamente sabía que su hijo ya estaba teniendo sexo conmigo, como es lo normal.
Cuando levantamos la mesa, Sabrina saludó a todos y se fue a su propia casa, no quería quedarse, supongo que por mi presencia. No quería intimidarla tampoco, pero ella no me iba a caer bien si no cambiaba su actitud. Entiendo los celos, pero tiene que aceptarlos. Lo hablaría con Aquiles cuando tuviera la oportunidad.
Después de acomodar la mesa, nos fuimos a hacer la sobremesa en el living, al frente del hogar encendido.
Era mucha la paz que sentía con los brazos de Aquiles sobre mi cuerpo y mirando las leñas arder. Su madre se había ido al baño cuando su padre nos dijo:
- Chicos, la voy a mantener entretenida a la noche, ustedes duerman juntos, la voy a dejar tan agitada que no va a poder despertarse antes de las diez de la mañana - dijo, riéndose con una copa de whisky en la mano. Yo me sonrojé - Aquiles, sabes muy bien lo que pienso del matrimonio y la virginidad, vos hace lo que te plazca, no como yo que me tuve que bancar todo esto... - dijo y mi hombre se reía - igualmente, así estoy hoy, a puro sexo y alcohol, valió la pena casarme con ella. - terminó de hablar mientras aparecía Samantha y se ponía en su regazo. - Mi amor, tendríamos que ir a la cama, ya es tarde... - comentaba Mariano a su mujer con una sonrisa picara, y ella lo miraba totalmente juguetona y siguiéndolo hacia la escalera - Muchachos, que duerman bien.
- Buenas noches, si necesitas algo Salo, ya sabes, esta es tu casa. - decía Samantha
- Gracias, duerman bien! - dije.
- Chau - dijo Aquiles - no hagan ruido.
Se rieron al unisono y desaparecieron. Aquiles me miró y sus ojos ardían. El almohadón desapareció y apareció en el otro sillón mientras él se acercó a mi cuerpo. Empezó a besarme ardientemente, soltó un gemido fuerte y me apoyó su cuerpo contra el mío. ¡Qué poder que tenía sobre mi!
- Te gustó esta noche? - dije, mientras cambiaba el clima para calmarnos un poco
- Le caíste bien a mis padres - dijo, jadeando.
- Si, ellos a mi también, pero a tu hermana no... - dije, distraída, tratando de seguir esta conversación que me importaba.
- Siempre es así... Amaba a Morena tanto como yo, por eso no le gusta la idea de traer a otra mujer acá, pero se va a tener que acostumbrar - decía, mientras me tomaba y me llevaba en posición de novia hasta su habitación.
Había un auto persiguiéndome, un perro que ladraba y un bebé que lloraba. Yo corría y no paraba. Hasta que me caía y el señor del auto me tomaba, me dormía de un golpe y ahí yo despertaba. Sudada, con el ritmo acelerado y sola, sin Aquiles a mi lado. Intenté dormir de nuevo, y luego de media hora, lo logré.
A la mañana me desperté, eran las 9 y nadie más que mi suegro estaba despierto.
- Hola querida, querés desayunar algo?
- Claro - dije somnolienta.
- Servite tranquila, como en tu casa.
Sobre la isla de la cocina había una cajita de te, café, leche, chocolate. También había tostadas, mermeladas de todo tipo y fiambres.
Me preparé un tostado y una lagrima. Me senté con Mariano y me empezó a hablar.
- Quiero que sepas que después de Morena, nadie vino a esta casa. Nos dolió mucho su perdida y yo me porté realmente mal con Aquiles. Estaba cegado.
- Lo sé, el me habló de eso, pero el lo aprecia mucho, lo va a perdonar. No fue culpa de nadie, fue una desgracia que pasó y por suerte, no hubo más tragedias.
- Espero que hayan disfrutado del regalo - hablaba del auto.
- Si, lo hicimos, pero no creo que sea la manera de ganarse el amor de su hijo nuevamente, tendrían que hablar. Es mi opinión.
Después de hablar de trabajo, autos, mis padres, la casa, etcétera, me levanté, limpié lo que había ensuciado, y fui a cambiarme a mi habitación. No me sentía tan comoda con este jean y la camisa, tenia un poco de frio.
Me puse un jean mucho más grueso, una remera, y un buzo, las botas, y salí a caminar por el gran parque. Tomé la Nikon e hice un par de fotos, y llamé luego a mis padres. Les comenté que estaba en Argentina, y luego cuando quisieron saber por qué, les tuve que contar... Mi mamá me retó mucho. Prometí ir cuanto antes a Mar del Plata.
Estaba sentada al frente del fogón que a estas tempranas horas estaba encendido, dando calor, cuando apareció Aquiles, y se sentó a mi lado.
Entonces, recordé.
- Vos te casaste con Morena obligatoriamente porque ella estaba embarazada y no querías defraudar a tu madre?
Se quedó mudo. Me miró, lo miré. Bajó la cabeza, y me dijo.
- Si. Pero igualmente, la amaba y quería casarme con ella.
- Tu mamá nunca se enteró que ella dejó de ser virgen antes del matrimonio, entonces.
- No, y no tiene por qué enterarse. Papá si lo sabía, y me ayudó mucho con el casamiento.
Asentí y me quedé callada unos minutos.
Notaba que estaba intranquila. La pesadilla me había dejado mucho en qué pensar, además de que no sabía que rumbo tomaba mi vida en estos momentos. Estaba conociendo a su familia. Estábamos en algo serio.
- ¿A donde vamos? - solté, mirando a la nada.
- A ningún lado, queres salir? hacer algo? - dijo, confundido.
- No. A donde vamos nosotros dos? Qué somos? Desde cuando "somos"?
Suspiró, pero decidido me dijo.
- Somos pareja. Novios. Amantes. Cónyuges. Como quieras decirle. Pero estamos juntos y estamos haciendo un futuro. Me gustaría tener un... futuro con vos - dijo. - Vos querés eso, no?
- Si.
- Entonces, ¿por qué me preguntas esto?
- Porque nunca aclaramos esto Aquiles. Fue todo muy rápido y ya conozco a tus padres. Tenes a una loca que te persigue y perdiste a tu ex mujer el año pasado. No te preocupa que las cosas vayan rápido?
- No. Porque siento que no pierdo el tiempo. Yo quiero estar con vos. No me interesan lo que digan los demas, quienes me persigan, todo. A Morena la voy a recordar siempre, pero vos viniste a darme una luz ante toda la ocscuridad. Yo te quiero por eso y muchas cosas más.
Me quedé paralizada. Nunca lo habíamos dicho. Era obvio que yo también lo quería. Pero nunca pensé en decirselo hasta ahora.
- Yo también te quiero.
Nos abrazamos y nos fundimos en un beso apasionado. Después, nos tomamos las manos y seguimos sentados viendo la fogata, hasta que se hizo la hora de almorzar.