Tomé mi bolso y dentro metí un mapa de Florencia, mi camara, dinero y las llaves del lugar.
Me puse un short tiro alto, un pulover finito, ya que el día estaba lindo. Mis piernas estaban depiladas perfectamente, y me puse unas alpargatas blancas en los pies. Tomé los lentes de sol, hice una colita en mi pelo revuelto y salí al living.
Aquiles estaba con su joggin gris, su musculosa blanca, y descalzo. Tirado entre los almohadones, al lado de la ventana donde el sol iluminaba todo su torso. Estaba leyendo. Cada dia me parecía más perfecto y sexy. Emanaba sexo.
Me miró, miró nuevamente al libro, y volvió a mirarme como si no se hubiera percatado de mi presencia. Me recorrió de arriba a abajo, y su mirada quedó en mis largas piernas a medio broncear.
Lo miré. Sonreí y me fui.
Salio atrás mio y me preguntó, enojado, a donde era que iba sin el.
- Soy bastante grande para manejarme solita
- No conoces este lugar, te podes perder. Yo te acompaño - dijo, desafiante
- No, gracias. - dije, y me fuí corriendo.
Se que lo habia hecho enojar, pero necesitaba despejarme. Para algo habia venido a Italia.
Recorrí Florencia, esta vez, sola, y más concentrada. Tomé muchas fotos, y luego, compre ropa, comida, y recuerdos.
A las 17 volví a la casa. Dejé el bolso en una silla y me puse a andar en patas. Estaba exhausta. No dormi casi nada a la noche. Cada vez que me acordaba de su beso sobre mi frente y de él teniendome en sus brazos, mi cuerpo se llenaba de calor y escalofrios, de ganas de abrazarlo hasta morir.
No sabía nada de él. No estaba en la casa, por lo tanto, merendé sola con un cd de Queen de fondo, y de repente, escuché el ruido de la puerta.