Como todo Tano, tenía una hermosa moto. Me puse el casco y me subí tras él. Tuve el deleite de tocar su hermosa panza y noté como se tensaba ante mi tacto. Me apreté más hacia él y partimos por toda Italia.
Cuando pasamos por el vaticano, lo primero que hice fue sonreír, suspirar, y sacar la cámara. Muchas fotos saqué, pero más quedaron en mi memoria.
Luego de hacer un recorrido dentro del lugar, nos dirigimos a un parque hermoso, donde me sorprendió que haya preparado un gran picnic. La verdad que me estaba distrayendo de todo. Extrañaba a montones a Nico, pero no quería más una relación así, no era la primera vez que me engañaban. No vale la pena.
Seguimos recorriendo las calles y los museos. Me encantaba que me mire mientras sacaba fotos. Tenía esa sonrisa de la que cualquier mujer se enamoraría, pero yo no estaba para esas cosas.