6 ago 2014

XXXV

En el camino de regreso, él llegaba tarde al trabajo. Como estaba aburrida, decidí que lo acompañaría y no le haría perder tiempo. La idea no le disgustó, aunque se puso un poco timido, lo que me pareció raro, ya que era bastante confianzudo.
Aquiles entró por la puerta trasera que daba a la cocina luego de estacionar la moto. Lo seguí detrás y, cuando entramos, estaba todo oscuro. Él era el jefe de cocina, por lo tanto, llegó primero, preparó las cosas y empezó a cocinar mientras me enseñaba y yo lo ayudaba.
Me pidió que cortara papas, que limpiara las verduras, que caliente el agua para las pastas y hasta que amase. Me hice la chef y lo sorprendí. La verdad es que me gusta cocinar pero muy pocas veces lo hago.
Quedó estupefacto al verme hacer las cosas con tal facilidad y rapidamente.
Cuando estaba cortando las papas, se puso detrás mío y tomó la mano donde tenía la cuchilla. Me estremecí y me sonrojé, lo cual notó al instante, pero lo que hizo fue enseñarme otra tecnica para cortar mejor las papas. Cuando terminamos de cortarlas, nos quedamos en silencio y en la misma posición.
Estaba a punto de darme vuelta, ya que su mano había quedado agarrada a la mía, cuando se escucharon ruidos desde afuera. Eran los otros cocineros.
De repente nos separamos y se hizo un silencio incomodo cuando entró una muchacha de pelo corto y piel blanca. Parecía que hubiera llorado toda la noche y no había dormido nada. No saludó a ninguno de los dos, pero si nos miró mal y nos dedicó una sonrisa bastante falsa.
La cara de Aquiles lo decía todo. De repente imaginé mil cosas, que ella era la ex, que se habían peleado y ahora ella nos vio acá juntos. Que sino, habia tenido una aventura. No sé, pero sentí mucha tension e incomodidad.
De a poco empezaron a entrar más cocineros y el dueño del lugar dio muchas indicaciones. El plato del día serian Canelones con bechamel, lo cual era bastante rico, ya que tenía pollo, tomate, ajo, jamón. Entre otras cosas.
Yo me hice a un lado y no molesté. Aquiles me miraba de a ratos y me preguntaba si quería algo, pero yo me negaba.
A las diez, Aquiles se tomó unos minutos para venir a verme y me dijo que vaya a sentarme a una mesa del restaurante, y que el iba a prepararme una comida especial.
Yo me negué. No tenía dinero encima y no quería ponerlo en aprietos. Pero el insistía, así que fui y pedí un vino blanco, y esperé a su plato especial.
Me sirvió una lasaña exquisita, y me la trajo el mismo. Se sentó unos minutos
- bon appetit, señorita - dijo, y mostró su sonrisa.
- gracias, señor.
- disfrutalo, no cualquiera pide este plato, es muy caro
- por qué lo hiciste entonces? te dije que no tengo plata Aquiles! - dije enojada
- Es un regalo, no te preocupes - dijo, tomó mi mano, la besó y se fue.
Luego de terminar el plato, me llegó el postre. La panacota era riquisima, nunca había comido tan bien y tan rico. Era el paraíso ese lugar.
Terminé, fui al baño y me di cuenta de que estaba hecha un desastre. Me peiné un poco, acomodé mi vestido de flores y me retoque la pintura.