Volví a mi mesa y me encontre con la cuenta pagada, una rosa arriba de la mesa, y otra botella de vino blanco.
Tome la botella y la termine muy rapido. Cuando quise acordar, estaba borracha y sali del restaurante. No quise volver a la cocina porque no me sentia comoda ahi. En la puerta, pensé en volver a casa y esperar a Aquiles. Empecé a caminar, y de repente, me di cuenta de que estaba perdida. Terminé al frente de un museo donde habiamos estado hoy. En mi cabeza, volvieron los recuerdos de hacía unas pocas horas, y me di cuenta de que este hombre me ponía de una manera muy distinta a todo. No solo me calentaba, no solo me gustaba, sino que hacía que mi cuerpo quiera estar junto a el, el mayor tiempo posible. Me senté en un banco y tenía frio. Mis pensamientos se contradecian. Nicolás, el bebé, la familia, Aquiles, mis amigos.
Lloré. Pasaban las horas y nada parecía cambiar. La gente caminaba a altas horas de la noche y estaban tan en paz con ellos mismos que me sentí un fraude. Simplemente queria ser yo misma, queria estar tranquila y no enroscarme como lo estaba haciendo ahora.
No sabia que hacer.
De pronto escuché una moto. Me asusté al ver que venía a toda velocidad a buscarme. Aquiles se sacó el casco y me tranquilicé, pero cuando vi su cara de enojo y susto, volvió esa incomodidad y ese miedo adentro mío. Odiaba esa sensación.
Pasó delante mio, me subió a la moto, puso su campera sobre mis hombros y su casco en mi cabeza. Acto seguido, subió a la moto, lo abracé y fuimos a casa.
