20 sept 2017

Un dia, lloré tanto, que sentía que me ahogaba. Y lo que estaba haciendo en realidad, era largar todo, como desesperada, tomando ese aire que hacia rato me faltaba.
Un día, lloré sin motivo. No paré durante un rato. Y la tristeza abundaba en el pecho. La angustia me hacia cuestionarme cada camino y cada paso que daba. Y nunca supe por qué lloraba.
Un día paré, dejé de llorar. Me tuve que levantar. Rendirme nunca fue opción, y por mas que no hubiese motivos, tanto para llorar como para seguir, decidí avanzar.
A veces uno necesita golpearse, mirar las heridas y esperar a que curen (sin tocarlas). A veces uno necesita parar un minuto, apreciar las cosas desde otra perspectiva, con otro sentimiento.
No esta mal detenerse. Lo que esta mal es estancarse.
Uno aprende de cada golpe. Uno siempre sale adelante.